NUEVOS TIEMPOS, MÁS Y MEJORES LÍDERES

Hace cinco años, coincidiendo con el brote de ébola, Bill Gates vaticinó la llegada de una pandemia mundial.

Pues bien, siendo quizá Bill Gates un visionario en 2015, hoy en día -en pleno ejercicio 2020- nos encontramos efectivamente ante tal escenario: una pandemia de impacto mundial, con efectos a todos los niveles y cuyo alcance es aún desconocido.

No sabemos si la realidad ha superado la ficción. Quizá ni siquiera seamos capaces todavía de procesar la realidad. No obstante, considero que, a fecha de hoy, no cabe duda de al menos una cosa: el mundo va a cambiar y nosotros vamos a tener que cambiar con él.

Sinceramente, entiendo que cada uno de nosotros tenemos una responsabilidad capital ante el nuevo paradigma que se avecina -durante y post CoVID19-, tanto a nivel personal como profesional. En este sentido, el autoliderazgo puede llegar a ser -entre otras- una de las mejores respuestas a los importantes retos que se nos plantean.

En definitiva, se avecinan nuevos tiempos y, por tanto, creo firmemente que vamos a necesitar más y mejores líderes -a todos los niveles-.

Ahora bien, ¿de qué tipo de líderes estamos hablando? En mi opinión:

  • ante el nuevo paradigma, vamos a necesitar líderes resilientes, que a su vez sean empáticos y, por tanto, capaces de ponerse en la piel de los demás. No obstante, también necesitaremos líderes que, al mismo tiempo, sean firmes y racionales, con capacidad para proteger el rendimiento de las compañías en una época de crisis mundial;
  • necesitaremos líderes que sean capaces de aportar estabilidad en su entorno y que, además, estén dispuestos a buscar nuevas oportunidades en unas circunstancias totalmente extraordinarias;
  • llevamos mucho tiempo hablando de la importancia de las capacidades de agilidad y de flexibilidad de adaptación ante los cambios. Pues bien, en los tiempos que se avecinan, esta cuestión no es que vaya a ser importante, sino que va a ser imprescindible. Más que nunca, se van a necesitar líderes capaces de tomar medidas decisivas en el corto plazo, con determinación y valentía;
  • necesitaremos líderes que, además de ser capaces de tomar la iniciativa, sean unos excelentes comunicadores a través de los principios de transparencia, cercanía y humanidad, pues es lo que las personas quieren y, de hecho, tanto van a necesitar. En la nueva era que se avecina, un buen líder que se precie va a tener que ser, inexorablemente, una fuente de inspiración y de confianza para todos los que estén a su alrededor;
  • por último, vamos a necesitar líderes que no sólo sean capaces de dar respuesta a las exigencias actuales, desencadenadas por unas circunstancias extraordinarias, sino que además tengan la capacidad de mantener una visión a largo plazo. No debemos olvidar que si hay algo permanente en la vida es el cambio. En tal sentido, se necesitarán líderes que estén dispuestos a explorar, de forma incansable, nuevos modelos y formas de hacer las cosas, encaminados a garantizar la supervivencia a medio y largo plazo del entorno en el que desplieguen su influencia.

A modo de conclusión, y recuperando de nuevo unas declaraciones del gran Bill Gates -esta vez más recientes que su vaticinio de 2015, pues éstas son de marzo de 2020-:

A corto plazo, vamos a sentir dolor y dificultades, y tendremos que dar lo mejor de cada uno y ayudarnos mutuamente para salir adelante. A pesar de todo, soy tremendamente optimista.

Queridos y queridas: yo también soy tremendamente optimista. Ojalá, efectivamente, en los NUEVOS TIEMPOS que se avecinan consigamos tener MÁS Y MEJORES LÍDERES.

Un fuerte abrazo y muchísimo ánimo.

Sandra Garcinuño Collado.

FALACIAS DE LA VIDA…

…Y es que todavía tenemos esa ‘pequeña’ manía de esperar a que la vida nos ponga en nuestro sitio, en vez de buscar nuestro sitio en la vida.

Será porque quizá nos hemos creído ‘a pies juntillas’ eso de que “EL TIEMPO SIEMPRE TIENE LA RAZÓN”.

Y mientras confiamos en la supuesta razón de nuestro amigo el tiempo, lo hacemos sentados, tranquilos, inmóviles… Como si de una cómoda parada de autobús sin horarios se tratara, esperando nuestra buena nueva.

Además, por si la popular frase del tiempo no fuera suficiente, también tenemos el famoso dicho “TODO PASA POR ALGO”. Y, sí, es cierto, la mayoría de las cosas pasan por algo: porque hay unas CAUSAS que hacen que pasen.

Sin embargo, siempre que nos interesa, nos empeñamos en vivir aferrados al concepto de CASUALIDAD, ignorando a la CAUSALIDAD, que es la que principalmente rige nuestras vidas.

Y, claro, así nos va.

Puede que de repente un día cualquiera te mires al espejo y, sencillamente, no reconozcas a la persona que estás viendo; precisamente porque te la habías imaginado años atrás de otra manera.

El problema es que, hasta para eso, tenemos nombre/justificación: la conocida “CRISIS existencial de los 30/40/50…”

En definitiva, en general ahí vamos, coleccionando justificaciones y/o lamentaciones, esperando a que algo o alguien mejore en algún momento nuestras vidas.

En serio, ¿realmente es tan difícil tomar acción, hacernos de una vez autorresponsables de nuestras vidas e ir a por aquello que queremos?

Quizá ese sea el quid de la cuestión: que no tenemos ni idea de lo queremos, básicamente porque nadie nos ha enseñado a preguntárnoslo.

Es más, muchas veces nos dijeron que era mejor seguir al rebaño, que al menos no había pérdida. O eso creíamos…

…Porque llega el día en que, sin saber cómo, te sientes totalmente perdido y, POR FIN, empiezas a cuestionar todo lo que te has creído hasta el momento.

Y ese día estarás de ENHORABUENA, porque muy probablemente sea el primer día del resto de tu vida.

P.D. Hablando de frases, ahí va la última: “Hay dos días importantes en tu vida: uno es el día en que naces y el otro es en el que descubres PARA QUÉ”.


 

DIVORCIOS NECESARIOS

Hay divorcios que quizá sean muy necesarios -vaya por delante que nunca me he casado en el sentido estricto de la palabra, por lo que probablemente sea la persona menos indicada para utilizar este término, no obstante, me aventuro a utilizarlo como símbolo-.

Por ejemplo, hace bastante tiempo que decidí empezar a vivir sin esperar nada en concreto de nadie. Se trataba de este círculo vicioso de pensamientos que consiste, básicamente, en lo siguiente: «yo creo que he hecho por ti X»; por lo tanto, «esperaría de ti Y»; y, al final, lo que se materializa en realidad es «Z» (o nada en el peor -o mejor, según se mire- de los casos).

En definitiva, me di cuenta de que esperar algo en concreto de alguien era totalmente absurdo. Primero, porque uno no sabe cómo percibió la otra persona algo que TÚ CREES que hiciste por ella (cuando, a lo mejor, ni siquiera esa persona te pidió -e incluso quería- que hicieras nada POR ella). Segundo, porque es realmente difícil que nuestra interpretación de la realidad coincida con nuestra idea previa de cómo ‘tenía que ser’ tal realidad. Y tercero, porque, básicamente, «EL QUE ESPERA, DESESPERA» (en cualquier ámbito de la vida).

Podría decirse entonces que, en su momento, me divorcié de las «expectativas externas». Quizá, como cualquier divorcio, el proceso fue extraño y complicado al principio. Pero, quizá también, como cualquier divorcio necesario y/o exitoso, la decisión dio lugar a una nueva forma de vida mejorada, caracterizada por un mayor bienestar mental y llena de beneficios inesperados.

Sin embargo, me llama la atención que, en casi 30 años de vida, en ningún momento me había planteado hasta ahora qué hay de las «expectativas internas/propias» y cómo es mi relación con ellas [más que nada, para valorar si debiera estar vinculada a ellas ‘hasta que la muerte nos separe’ o si, a lo mejor, quizá sea necesario emprender otro proceso de divorcio amistoso].

En el momento en el que una duda asalta tu mente, es habitual que te plantees los distintos escenarios para tratar de llegar a una conclusión que sea, más o menos, acertada. Ahí va mi experiencia personal de este proceso:

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Escenario 1 – Vivir CON expectativas

Descripción: básicamente, tener una idea preconcebida de cómo debería ser tu vida en los diferentes ámbitos vitales (salud, trabajo, familia, amor, vida social, desarrollo personal & profesional, etc.).

Eje temporal predominante: FUTURO.

Resultado: GAME OVER – TRY AGAIN! (o, peor aún, «INSERT ‘COINS’ TO CONTINUE»).

Escenario 2 – Vivir SIN expectativas

Descripción; básicamente, no PRE-ocuparte de cómo CREES que debería ser tu vida y limitarte, ni más ni menos, que a vivirla (tal y como sea en cada momento).

Eje temporal predominante: PRESENTE.

Resultado: WELL DONE – CONTINUE PLAYING 😉

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De un vistazo, la conclusión parece ser bastante clara: mi proceso de divorcio de las EXPECTATIVAS es más que necesario. No obstante, profundizando un poco más, reflexionaba lo siguiente:

Al plantearme el primer escenario (vivir CON expectativas) he tenido dos noticias, una mala: me he dado cuenta de que mi relación con las expectativas propias que tengo (o tenía) de cómo debería ser mi vida y yo misma no es recomendable ni la opción más inteligente -es más, diría que no tiene ningún sentido-; y una buena: me he dado cuenta de ello.

Al plantearme el segundo escenario (vivir SIN expectativas) lo que he tenido ha sido una especie de ‘revelación’ y miles de preguntas; ¿qué sentido tiene PRE-ocuparse por un futuro que aún no existe?, ¿qué consecuencias tiene hacerlo? y, la más importante, ¿cuál es el coste de oportunidad de este ‘modo de vida’?

Pues bien, en mi opinión, ahí está la clave, en el COSTE DE OPORTUNIDAD.

¿Por qué? ->

Hoy en día, se sabe que la atención es limitada y, por tanto, cuando nos enfocamos tanto en idealizar el FUTURO, la consecuencia inevitable es que no somos prácticamente capaces de ver (y valorar) el PRESENTE.

De esta forma, si no reaccionamos por algún motivo, es muy probable que, ayudados -¡cómo no!- de la mente lógica / racional, vayamos construyéndonos una ‘estupenda’ realidad paralela basada en las EXPECTATIVAS, y en la que el sufrimiento y la frustración, tarde o temprano, están más que asegurados [al menos yo, no conozco a nadie a quien la realidad se le presente tal y cómo a él/ella le gustaría y había proyectado previamente en su mente].

En definitiva, ya sea pronto o tarde, ha llegado el momento en mi vida de emprender un nuevo proceso, el de divorciarme de las expectativas (esta vez de las propias).

Intuyo que no será fácil, pues lo cierto es que son 29 años de muy estrecha relación con ellas (diría hasta que las tengo mucho cariño), por lo que no tengo ni idea de cómo abordar el proceso ni de por dónde empezar a DESAPRENDER.

Sin embargo, me lo voy a tomar como una especie de experimento o, mejor aún, como un juego [y es que, quizá, esto de vivir no sea nada más ni nada menos que eso, un JUEGO].

En fin, ¿será otro divorcio necesario / exitoso? El tiempo (PRESENTE) dirá…

– TO BE CONTINUED – 

 

LIVE – LOVE – LAUGH

Hoy en día, parece que lo ‘normal’ se haya vuelto extraordinario… Y es que hay que ver lo que nos gusta -a veces- complicarnos la vida, con lo sencilla que en realidad es.

El otro día tenía una conversación muy interesante con mi hermana -una de las personas más alegres, positivas y aparentemente felices que conozco-.

Me contaba/confesaba que, no pocas veces, le cuesta participar en las conversaciones, pues considera que su vida es “normal”, buena, sin grandes sobresaltos ni dramas que contar y que, generalmente, se siente feliz en todas las facetas de su vida.

Me hizo reflexionar mucho -más que nada, porque intento aprender de ella todo lo que puedo, por lo muchísimo que la admiro-.

Me di cuenta de que es verdad, que la vida es fácil si la dejas ‘tranquila’, si le coges cariño a la ‘normalidad’, si la dejas fluir…

…Y es que quizá sea eso lo que más nos cuesta, FLUIR. Quizá sea PENSAR lo que más nos sobra. Quizá SENTIR sea lo que más nos falte.

Anyway, ya que no existen fórmulas mágicas para mejorar en lo que viene siendo el arte de vivir, de momento voy a tratar de practicar esta:

 

Stop Waiting For Fridays

Sí, mañana es viernes. El supuesto gran día. El esperado por tantos. El que pone fin a no se sabe qué. El que inaugura un no se sabe cómo.

En fin, me pregunto cuándo dejaremos de esperar al viernes como el que necesita agua en mayo; cuándo empezaremos a valorar cada día por igual; cuándo desearemos que llegue el lunes (esto último quizá ya sea para nota).

Y es que el problema no es esperar al viernes, que no deja de ser un símbolo. El problema es esperar, en general en la vida, a tener esto o aquello para ‘empezar’ a vivir como en teoría se merece; es no saber valorar; es anhelar el pasado; es idolatrar el futuro…

En definitiva, hagámonos un favor y… “STOP WAITING FOR FRIDAYS”.