Yo sí. Soy (o era, quizá) de ese tipo de personas que suelen esperar, en general en la vida, a que las circunstancias sean las más adecuadas, según mi ideal preconcebido de ‘perfección’. Y esto, en cierto modo, tiene sus ventajas, aunque no son menos importantes los inconvenientes.

En primer lugar, porque lo ‘perfecto’ es absolutamente relativo. Esto implica que, dándose las mismas circunstancias, unas personas pueden estar viviendo una cosa y, otras personas, otra totalmente distinta. Y ninguna perspectiva es mejor ni peor, simplemente, son diferentes formas de entender la vida (¡y menos mal que existe la diversidad!).

Además, es muy posible que nuestra concepción de lo que podría ser ‘perfecto’ vaya evolucionando con el paso del tiempo (fundamentalmente, a medida que aumente tu madurez personal y/o cambie tu escala de prioridades en la vida). Y, en cualquier caso, especialmente aquellos que solemos esperar al ‘momento perfecto’, estamos expuestos a dos riesgos importantes:

Por un lado, el de invertir mucho tiempo y esfuerzo para conseguir esas circunstancias ‘perfectas’ -esto aplica a cualquier ámbito de la vida-, dándose el caso de que, una vez que las consigas, pienses que: «¡vaya!, no es suficiente, quizá podría conseguir aún más, quizá -lo que quiera que sea- podría ser, aún más, «PERFECTO»». Esta situación, aunque pudiera parecer banal, nos conduce, generalmente, a sentimientos profundos de frustración personal e insatisfacción cuasi-permanente y, en definitiva, nos aleja de lo que pudiera parecerse a un estado de felicidad.

Por otra parte (y no menos importante), en mi opinión, los perfeccionistas corremos el riesgo de perder la capacidad de apreciar lo que SÍ tenemos ya (hoy, en este momento). Y esto es ‘peligroso’, pues la vida es muy corta (o muy larga, no sabemos). Y como se suele decir, «nunca sabes lo que tienes, hasta que lo pierdes». Por eso, creo que es fundamental tener esto en cuenta antes de ‘lanzar’ la orden a nuestra mente de dirigirse hacia aquello que consideramos ‘perfecto’, para que no se olvide nunca de que lo más importante es el AQUÍ y el AHORA.

Ahora bien, quizá te estés preguntado cuál es el porqué de esta reflexión personal. El motivo de plantearla es el siguiente: hace unos meses finalicé mi certificación como Coach y, a partir de ahí, decidí que crearía una página web personal en la que exponer distintas reflexiones y que, en definitiva, me alentara a seguir profundizado en este apasionante mundo del coaching y del desarrollo personal y profesional, que tanto me ha cambiado mi forma de ver y de entender la vida.

Pues bien, así lo hice. Dediqué muchos fines de semana a aprender todo lo necesario para crear por mi cuenta una web y me ‘instruí’ en muchísimos aspectos de marketing digital. No obstante, desde septiembre me he visto obligada a priorizar mi salud e iniciar un determinado tratamiento especialista, lo cual ha hecho que esa página web quedara en el olvido, a la espera de que existieran mejores circunstancias en mi vida.

Y la verdad es que no sé muy bien por qué pero, ante esta situación -e incluso creo que gracias también a la lección de vida que me está aportando el tratamiento de salud que he iniciado (¡qué paradojas tiene la vida!)-, me he dado cuenta de que no tiene absolutamente ningún sentido ‘aparcar’ las cosas que realmente queremos hacer y esperar al «MOMENTO PERFECTO».

Es por ello que hoy, 1 de noviembre de 2018, publico, tal cual, la página web que dejé ‘a medias/no-perfecta’ y la inauguro con esta primera entrada en el blog.

A partir de aquí, el resto lo irá dictando el tiempo y los avatares de la vida pero, al menos hoy, me iré a la cama sintiéndome orgullosa de mí por haber honrado los principios y el estilo de vida que me ha aportado el mundo del desarrollo personal, el cual, por cierto, será la base principal de la web que hoy sale a la luz.

P.D. No olvides nunca que: «HECHO, es mejor que PERFECTO».